El periodista y escritor, Rodolfo Walsh, la habitó con su mujer Lilia Ferreyra, antes de ser asesinado por la última dictadura cívico militar, tras escribir en 1977 su célebre, Carta abierta de un escritor a la Junta Militar. Los genocidas jamás revelaron donde están los restos de Walsh.
Está en el Río carapachay con el número 459. El vecino Daniel Argüello y su mujer, Mabel Gómez, la compraron sin saber dónde llegaban.
Actualmente se llama El Edén, pero se llamó Liberación. La casa está sobre el Río Carapachay, en la primera sección del delta tigrense, y lleva el Nº 459. La lancha colectiva Jilguero llega en 45 minutos de viaje. No era ostentosa y no lo es con sus dueños desde hace 30 años, Daniel Argüello y Mabel Gómez.
La casa isleña fue una de las últimas moradas del escritor y periodista Rodolfo Walsh. Desde que Daniel se enteró, y lo corroboró, milita por la memoria de Walsh, y aunque no se trata de una edificación grande, ahora que ya lo hijos no la ocupan, armó una habitación completa con libros y recuerdos en torno al autor de Operación Masacre.
Daniel y Mabel esperan con los brazos abiertos a quienes llegan al lugar. Puede ser un curioso que pasa con la lancha y ve el cartel a la entrada de la finca. Un funcionario o un referente político o social, extranjero o nacional, alumnos de una escuela. O un periodista de Prensa Libre, para escribir esta nota, por ejemplo, como en este caso.
Lilia Ferreyra
Tras los saludos de rigor, Daniel invita a la habitación. Allí recordará que como muchos de los que llegan actualmente, y desde hace años, por azar, cierta vez, en marzo de 1996, llegó una lancha con cuatro tripulantes, tres adultos entre ellos una mujer, y una jovencita. Daban vueltas y vueltas como si buscarán algo en la nada del río.
“Acá en la isla se escucha todo aunque estés lejos” dice Daniel. Y relata que discutían si la casa “era o no era” la que buscaban. Daniel atento los invitó a bajar. Eran Lilia Ferreyra, la mujer de Walsh, el periodista Luis Bruschtein con su hija -que tenía en la zona una casa isleña también- , y el director de cine Coco Blaustein.
Daniel relata que los invitó a entrar a su casa y cuando Lilia vio el suelo del pasillo de ingreso al comedor no dudo: “Si habré baldeado este piso” dijo, según recuerda Daniel. El vecino isleño también recuerda que a partir de allí se entabló una férrea amistad entre Lilia, su mujer Mabel y él, que duró hasta que Lilia falleció en 2015.
De hecho ella les propuso “militar a Walsh”, para que no se olviden su obra y su militancia. A partir de allí Daniel se informó y tomó a pie juntillas el pedido. La casa actualmente es “Patrimonio Histórico Cultural”. En la parte trasera tiene plantados varios árboles con nombre propio que recuerdan a Walsh a Lilia y a muchos más.
Tanto Daniel, como Mabel, reconocen en Lilia el verdadero motor para que sobre todo Daniel se haya embarcado en la reivindicación de Walsh. En el extenso recorrido para averiguar y conocer pormenores de la vida de Walsh dice Daniel en un momento: “una de las cosas que descubrimos es cómo se deforma la verdad”.
Argüello también recuerda que en una de las tantas charlas que compartieron con Lilia, sobre cómo habían llegado a la casa isleña -primero les habían rechazado su oferta, que no era especulativa sino lo que tenían para afrontar el gasto, y luego los volvieron a llamar-, y cómo se conocieron, ella le dijo: “entregate y milita a Walsh”.
Militar a Walsh
Daniel escribió un cuadernillo de casi 50 páginas con la historia de Walsh, que entrega a las y los visitantes. También relata allí la historia de la casa y de cómo la familia Argüello-Gómez llegó, conoció a Lilia y milita a Walsh. Hace un mes, asimismo, se publicó un libro de Daniel, donde amplía la información del cuadernillo.
Rodolfo Walsh-La casa en el Tigre donde ejerció ese peligroso oficio de escribir, es de 3BANDERAS Editores. Asimismo el dueño de la editorial -y experimentado editor- Luis Fucks también llegó a la casa, para conocer un poco más de la historia de Walsh. Y quedó prendado de los isleños y del compromiso militante asumido.
Hay que decir también, que es cierto que Daniel y Mabel conocían lo que cualquiera puede conocer de Walsh. Que la razón de la casa fue el azar absolutamente. Pero ambos, Daniel Y Mabel, son militantes desde hace muchos años. Él dentro del peronismo. Y Mabel desde la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
En la habitación de la casa dedicada a Walsh también hay una PC que permite ver un video de 2021, donde la voz del escritor relata los fusilamientos de José León Suárez que investigó para Operación Masacre (Ediciones Sigla 1957). Y al final se lee parte del cuento “Esa Mujer” de Walsh. Los autores son Carlos Castro y Juan Guibelarde.
Tanto en el cuadernillo, como en el libro, Daniel relata anécdotas de la casa. Mucho de la actividad periodística y militante de Walsh, tanto en la Argentina como en Cuba - donde fue uno de los fundadores de Prensa Latina-. Ambos materiales tienen mucha información y muy variada sobre Walsh; y también sobre Lilia y sobre la casa.
Revelaciones
En un momento dado se suma a la charla con Daniel y Mabel, una vecina que puede relatar en primera persona cuestiones de la casa. Por caso el allanamiento que sufrió junto con otras propiedades vecinas como las de Piri Lugones (escritora y periodista que le recomendó alquilar esa casa a Walsh) o las de la familia Gutiérrez.
Lo que no publicó Daniel, y en la charla lo revela, es cómo sabe que Ceferino Reato se equivoca cuando acusa a Walsh, como “jefe de la inteligencia de Montoneros”, por un atentado a la Policía Federal en julio de 1976. Daniel relata que lo averiguó por medio de, Domingo Campiglia, padre del verdadero jefe de la inteligencia montonera.
Argüello conoció al padre de, Horacio Campiglia, en un viaje en lancha colectiva, por azar. Allí conversaron y el hombre le informó que su hijo y no Walsh había sido jefe de inteligencia en julio de 1976. Por otra parte Walsh desde el 74 tenía diferencias con la cúpula montonera, y hasta sentía enojo, por el cierre del diario Noticias.
Daniel invitó a los padres de Campiglia, en enero de 1999, a un acto, casi entre amigos, donde se colocó una placa recordatoria de Rodolfo Walsh, en la casa. No fue acto oficial. Fueron algunos militantes, otros sobrevivientes de la dictadura, familiares. No hubo discursos. Lo de la placa lo habían acordado con Lilia.
La casa El Eden/Liberación era pequeña. No más de 38 m2. Los Argüello/Gómez pudieron, con los años, anexarle una sala de estar más amplia a continuación del living y la cocina originales. Allí la vista al bosque delteño es única. Hay un piano también. Y dos o tres adornos en madera de otro isleño, Martín Nunziata.
Tras compartir una merienda, la charla sigue en la habitación dedicada Walsh. Llena de libros. Con pancartas de organizaciones visitantes que adornan las paredes. Allí Daniel Argüello recuerda la donación del libro de visitas que realizó el embajador de Cuba, Orestes Pérez Pérez, en una vista a la casa. También hay muchas fotos.
Hay fotografías de Rodolfo Walsh, de Lilia Ferreyra. Una que muestra al médico, Domingo Nunziata (padre del ambientalista isleño, Martín Nunziata) con el Che Guevara en Cuba. También está el original cartel que el reconocido fileteador y artista porteño, Alfredo Genovese, creó para la casa con el nombre actual, El Edén.
Para Argüello, mantener viva la memoria de Walsh no solo es un acto de recuerdo individual de un escritor famoso o reconocido. Es un acto político “que se opone a prácticas de ocultamiento. Y opta por lo real, la ética y la veracidad de las acciones políticas. Para rescatar el largo camino de lucha de nuestro pueblo”.
A.A.















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