Adriana Taboada, vecina de Vicente López, es psicóloga y forma parte de la Comisión Memoria Verdad y Justicia Zona Norte. En esta entrevista explica, con una claridad envidiable, porqué es útil para la sociedad juzgar a los genocidas del golpe del ´76; también el hecho de que no hubo ninguna guerra que justificara los horrores cometidos. Y considera que, al juzgarse con jueces y garantías a los reos de la dictadura, se valoriza la democracia y se dignifica la sociedad. Realista, explica el porqué de los golpes de Estado y concluye en que hoy la baja calidad de la democracia, no hace necesario un golpe.

-¿Cuál es la importancia para la sociedad, en la actualidad, recordar la fecha de inicio de la última dictadura cívico militar?

-Este 24 de marzo recordamos 50 años del último golpe militar. Militar, civil. Cincuenta años después, tener la posibilidad de llenar las calles, como estamos seguros de que va a pasar, reclamando lo que reclamábamos hace 50 años, que es que digan dónde están, forma parte de una transmisión lograda. Porque estallan los pedidos para que vayamos, los militantes de derechos humanos, a las escuelas, actos, a los municipios, a centros culturales. La demanda de testimonio, la demanda de reflexión, muestran que hay algo de este camino que vamos construyendo por el nunca más, que sigue encontrando eco. Entonces, no se trata de un recuerdo en términos de nostalgia. Sino de un recuerdo porque esto va a ser multitudinario. Estallan en este momento, de una evocación que viene al presente, trayendo dolor, trayendo luchas y mostrando que hay cosas que no queremos que se vuelvan a repetir. Y que para eso hay prácticas que tenemos que seguir conservando. Por ejemplo, las calles, lo colectivo, la voz unida, la voz clara. Y mostrarle a la sociedad que más allá del tiempo transcurrido, más allá de que los genocidas digan que todo esto es venganza, que esto ya pasó; en realidad, hay algo de lo que ellos han hecho que está en sus manos poder esclarecer y no lo hacen: que digan dónde están. 

-El documento final de la “junta militar”, de la última dictadura, planteaba que la represión ilegal –que ellos encabezaron- la hicieron porque había un “conflicto bélico” interno ¿Eso es verdad? ¿Es verosímil esa justificación?

-Son 20 años de juicios de la reapertura en este segundo momento del proceso judicial, desde el 2006 a ahora, también tiene como antecedente muy muy valioso el juicio a las Juntas, que fue hacia 1985. Ya ha quedado probado hace cuatro décadas y ahora, que lo que ocurrió en nuestro país no fue una guerra. Esto es lo que dicen los genocidas. Pero no fue una guerra. Sino que hubo un Estado ocupado por los militares, en este caso junto a los civiles, a la pata empresarial de este país y al poder concentrado. Entonces, no fue una guerra, sino un plan sistemático que se llevó adelante, no solamente para eliminar a quienes ellos consideraban el enemigo interno, sino también para poder disciplinar a la sociedad toda. No hubo guerra.

-¿En que se beneficia una sociedad al sancionar a los criminales, en este caso de una dictadura, por más que hayan pasado tantos años?

-Buscar justicia frente al crimen siempre es importante. Se trate de delitos comunes, se trate de delitos políticos. De los delitos más graves que conozcamos y que hayamos estipulado como sociedad, como civilización, tal como son los delitos de lesa humanidad. Delitos que lastiman, que dañan a toda la sociedad en su conjunto. Entonces es sumamente útil poder llegar a un juicio; poder probar los crímenes que encontremos. Que el Poder Judicial sentencie y condene por esos crímenes, incluso que absuelva cuando no los considere probados. Porque esto es lo que pone también, entre otras cosas, un límite a quien hace algo mal y está violando; viola los principios más primarios de la sociedad, el principio de la vida, por ejemplo. Esa persona va a tener un castigo frente a esto. Claro que sigue siendo importante. En un continente como el nuestro, que se construyó sobre impunidades, el poder revertir y dar otro mensaje es sumamente importante, sumamente importante.

-Secuestros y desapariciones, robos de bebes y de sus identidades, tortura ¿Eran el único camino que tenía un Estado para operar contra grupos que consideraba insurgentes u opositores?

-La desaparición forzada, el secuestro de bebés, la tortura, pero fundamentalmente la desaparición forzada, no tuvo que ver con controlar o eliminar o aniquilar a lo que ellos consideraban el “enemigo”. Para eso bastaba con matarlos o encarcelarlos de por vida. La desaparición forzada tiene otro motivo, un doble juego. Por un lado, el control de la víctima. Y por otro, la posibilidad de disciplinamiento social a partir del terror que se disemina, se extiende con la desaparición, por ese “no saber” el destino. O aun cuando los desaparecidos reaparecían o eran liberados, también ahí fue el terror. Porque ese desaparecido viene y cuenta, es testigo y da testimonio de aquello que vivió; de la crueldad y lo más horrendo que pueda producirle un ser humano a otro.

-¿Se pueden volver a repetir en la Argentina golpes de Estado de esa naturaleza y con esa metodología?

-Hoy no parece que los golpes de Estado tengan una posibilidad. No son necesarios. Un golpe de estado se da cuando no hay otra herramienta que permita que el poder económico, que el poder concentrado, obtengan, produzcan las transformaciones que necesitan. Hubo muchos golpes de Estado (en la Argentina). Y en el 76 se necesitó de un genocidio. Porque los golpes de Estado por sí solos no bastaban. Y ahora es la democracia misma, los votados por el pueblo argentino, los que llevan adelante esas transformaciones neoliberales, como la que en este momento estamos experimentando. Entonces, realmente no creo que haya otro golpe en la coyuntura. Porque no es necesario. Los golpes de Estado son la herramienta. Y hoy, con un congreso lleno de traidores que votan leyes como las que están votando, decretos de necesidad y urgencia, y un Poder Judicial que no pone freno, no hace falta ningún golpe de Estado.

Gustavo Camps