Hablar de cine con Alberto Miguez (69), con todos sus conocimientos, anécdotas y películas vistas y analizadas es una tarea que se disfruta. Y puede llevar horas de varios días. Esta entrevista ni siquiera puede llamarse ´resumen’ pues la charla en el bar, Punto de Vista, comenzó temprano y hacia mediodía seguía vital, interesante sin ánimo de terminarla.
Esa zona de Puente Saavedra -Florida para los lugareños-, en Aristóbulo del Valle al 1600, con la Biblioteca Sudestada, el restó Tiempos Modernos y el Centro Cultural Tiempos de Memoria es una geografía ideal para la charla presencial sobre películas, directores, y el cuarto libro de Miguez, ”Ojos que no ven-Los films censurados por el Proceso de Reorganización nacional”.
El cineasta de Vicente López lo presentó hace poco, justamente, en la Biblioteca Sudestada. Tiene en su haber, además, “Solo para Amantes de Cine” en 2022-; luego “Solo para Amantes de Cine- en Continuado”, en 2023, prologado por el fundador y editor de Prensa Libre, Roberto Brey-; y el de 2025 “Miradas sobre Cine y Otras Cuestiones de Grandes Directores Italianos”.
-¿Cómo surge la veta literaria?
-Primero pasó que las funciones de cine club, empezaron a mermar. Desapareció el Círculo Médico de Vicente López, donde proyecté hasta que cerr, 20 años prácticamente. Y en el Lumiton casi 10, antes. Con Súper 8, con 16 milímetros. Di clases y seminarios, además de las funciones. Sobre Ingmar Bergman, Marco Ferreri, Pasolini. Bueno, todas esas anotaciones las tenía. Y además notas para distintas publicaciones, algunas para mí porque hace muchos años no había universidades de cine, ni ENERC ni nada; y otras que me encargaban. Y, además, no era solo ver las películas, sino la lectura de libros de cine. Y porque me jubilé de abogado y dispuse de tiempo libre. También me estimularon a que escribiera un libro, María Teresa Spak, por ejemplo. Y el editor que me acompaña siempre, Luis García, que yo conocía porque hace muchos años hicimos ciclos de cine en el Círculo de Ajedrez de Villa Martelli, me acuerdo. Y en la Biblioteca de Martínez, con Jorge Arias. Y me decidí a escribir. Aproveché todo eso que tengo. Además, tengo terminado el quinto libro, sobre películas de culto y malditas entre 1965 y 1975. Y el sexto será sobre películas de conflictos obreros y sindicalismo.
-¿Por qué empezás con
los amantes de cine?
-El otro día una mujer me preguntaba eso ¿Por qué para amantes del cine? ¿No lo puede leer cualquiera? Dije “si”, es para todos. No es exclusivo. Pero, evidentemente, hay una inclinación hacia los cinéfilos. Porque el cinéfilo quiere ir más allá, claro. Quiere saber más. Conocer el trasfondo. Y el tercero de esa serie de “amantes” va a ser sobre las trasnoches. Los dos primeros y el que estoy preparando, son, en general recopilaciones, escritos y artículos que ya tenía.
-¿Y el tercero sobre cine
italiano cómo llegó?
-En realidad, yo quería titularlo “Más allá del cine”. Porque siempre tuve una predilección por el cine italiano que vino después de la guerra. Ahora hay también algunos directores buenos, como Paolo Sorrentino, Paolo Virzi, Nani Morelli. Pero hubo una época en la que el cine italiano fue un boom mundial, después de la guerra. A partir del neorrealismo y después con la comedia, bueno, todo el cine político. Acá esperábamos las películas de ese cine italiano. Sobre todo, debido a grandes directores como Fellini, Pasolini, Visconti, Antonioni, Francesco Rosi, y, bueno, Mario Monicelli, Marco Ferreri. Bueno, en el libro están casi todos. Y además de su visión de cine, cada uno tiene una personalidad distinta.
-El neorrealismo ha trascendido
¿Sin duda no?
-Si bien vienen del neorrealismo casi todos, en el neorrealismo hay un punto de inflexión, digamos, en el cine italiano y en el cine mundial. Porque el neorrealismo tuvo proyección internacional en todos los estilos, movimientos. La Nouvelle Vague (Francia) también tiene antecedentes e influencia del neorrealismo. Entonces empecé a buscar material que hablara no solo del aspecto cinematográfico, sino en una visión más amplia, del cine como vehículo de ideas, un instrumento. Para algunos es un entretenimiento y nada más. O sea, para pasar un rato. Pero hay creadores que buscan algo más. El cine, como puede ser la literatura, la pintura, es un medio de expresión de ideas, que trascienden el mecanismo. Utilicé como fuente recortes de diario del 50 yl 60, la biblioteca. Materiales donados, por ejemplo, Carlos Bruno, a quien le agradezco en el próximo libro. Y quedó mucho afuera. Tiene 300 páginas el tercero.
-En el segundo, que prologa Roberto Brey, dice que para vos “el cine es la vida verdadera…”
-El segundo es la visión del cine de varios directores. Pero el tercero es más abarcativo, porque se habla de política, filosofía, sociología, historia. Porque, a través del cine esos directores transmiten su cosmovisión, digamos, de la vida, del mundo, de las circunstancias históricas, sociales que les tocó vivir. Porque el cine es un espejo de la realidad, es un testimonio. A eso se refiere Brey. El director es como el artista que puede ver más allá del momento histórico, que se anticipa a los acontecimientos. Bueno, eso es lo que quise volcar.
-Nuestra generación se
formó como espectador con el cine norteamericano de todos modos…
-Yo como muchos, me formé en el cine norteamericano. Porque la mayoría de las películas que llegaban, porque tenían salida comercial, eran las norteamericanas. Pero era otro cine que el actual. Más interesante. Tenía otra profundidad, otros alcances. El cine norteamericano actual es pura pirotecnia, es puro efecto. Es muy mediocre en cuanto a las historias, los personajes son planos, chatos. No tienen una dimensión humana, compleja como los humanos. Son unidimensionales. Están los buenos y malos. No hay matices, es un cine maniqueo. No todo, pero todavía subsiste un cine maniqueo.
-¿El uso de tecnología
empeoró la situación?
-Exacto. Hoy ese cine está al servicio de la tecnología. Y además que el tema de las plataformas y demás ha desvirtuado al cine. Ha provocado que la necesidad de vender lo transforme en un cine plano, uniforme, digamos, sin matices. Antes, cuando uno iba a ver una película, investigaba, pensaba que esa película le podía cambiar en algo la mente, o podía provocar algún cambio en la sociedad también. Había una intención denunciatoria, de los males sociales o de los problemas que tenía la sociedad. Se ha vuelto un cine complaciente, anestesiante. Un cine que no provoca ningún cambio, no despierta un deseo o necesidad de cambio.
-El capitalismo obtiene consumidores también en el cine…
-Pero el
cine, a través de su influencia, de su estética, digamos, y de su contenido, puede
a un espectador provocarle un cuestionamiento de sus ideas, de sus concepciones
y principios sociales. Pero el cine que veo ahora no tiende a ninguno de esos
problemas, los esconde, digamos, como esconde debajo de la alfombra los
problemas de la sociedad. En gran medida el excesivo capitalismo, el exceso de
lucro, de buscar el lucro a cualquier costo no cuestiona. Cuando Italia sale de
la guerra, sale devastada, y después se produce el milagro económico, hay un
ascenso social, pero ese ascenso se hizo a cuesta de otras cosas que se
negaron, y entonces el cine éste, sobre todo el cine político, denuncia sobre
todo la corrupción del poder. Como si la única meta de la sociedad fuera la
riqueza, el ascenso social y el poder.
-¿Y cómo te interesás por las películas prohibidas por la dictadura cívico militar?
-Ojos que no ven... Te explico el origen. Yo quería ver determinadas películas, muchas películas. No las podía ver porque estaban prohibidas. Fui a Uruguay varias veces porque no podía dejar de ver esas películas. Entonces le hinchaba a mi viejo, pobre, para que me llevara. Y bueno, así fuimos dos o tres veces en carpa, además, porque no había mucha guita. Íbamos en carpa a Maldonado, y de ahí al cine.
-¿La dictadura prohibía por razones políticas o había
otros motivos, desnudos, no sé, sexualidad demasiado explicita?
-Distintos motivos o razones. Una es el tema del sexo, que era como pecaminoso o pornográfico, pero no eran películas pornográficas. Había algunas que eran eróticas. Sobre todo, algunas italianas, españolas, que hay que recordar el famoso destape español, que provocó una ola de películas y toda la represión que había sufrido durante el franquismo. También se prohibían temas bélicos o policiales. También se prohibían críticas, digamos, al capitalismo o críticas al gobierno norteamericano. Claro. O sea, por ejemplo, de la guerra de Vietnam, no se podían pasar esas películas. Todo lo que criticara a la institución militar o lo que hiciera las fuerzas represivas. Y, por supuesto, el tema ideológico. Películas de contenido de izquierda, digamos, ¿No?
-Y aquello te daba bronca, claro
-Hay que ver que la censura comenzó antes del Proceso. El gobierno militar la intensificó, digamos. Está el caso del censor Tato. Incluso Tato renuncia en la dictadura. Y el que lo reemplaza es un delegado de la Liga de Padres o Madres Católicos, Madres de Familia, no sé. El corte o la censura, es contraproducente en el fondo. Y en realidad es una propaganda indirecta que hace el gobierno al prohibir una película. Y eso lo dijo hasta el ministro de Turismo de Uruguay.
-¿Encontraste mucho escrito sobre el tema?
-Hay muchos libros sobre el tema de la censura y el gobierno militar. Entonces tenía que buscar algo, alguna veta, digamos, diferente, porque si no sería repetir, plagiar. Aunque dicen que si uno toma un autor solo, o lo reproduce, es un plagio. Si son varios, es un ensayo. (risas).
-¿Y cómo lo resolviste?
-La idea era buscar algo original, algo que no se hubiera abordado antes. Entonces mi idea fue buscar las películas censuradas, no todas porque son 300 las prohibidas. Y, además, se cortaron, o censuraron escenas, en 1.200. Entonces era buscar las películas que yo considero más importantes, analizarlas. Después buscar los motivos, volcarlos y reproducir los motivos.
-¿Cómo se formalizaba la censura?
-Había un comité. Y varios procesos. En cuanto a la película extranjera, pasaba por el ente de calificación, se consultaba acá, allá… A las Fuerzas Armadas, al Consejo Asesor, había un Consejo Asesor, la Liga de Padres, Madres y Familias, pasaba por distintas instituciones que daban su opinión. Y el ente sacaba un certificado, que te autorizaban o censuraban determinadas películas competas o escenas.
-¿El prólogo del cuarto libro también te lo escribe un
periodista no?
-El prólogo de Ojos que no ven… fue escrito por Paula Vázquez Prieto, que es una crítica de cine del diario La Nación, de la revista Eñe. Y de Radar de Página 12. Da cursos de cine también. Y de literatura. Es una amiga. Nos reunimos una vez al mes para hablar sobre cine. Y ha venido a la Biblioteca Sudestada, donde proyecto cine todavía
-¿Vas a seguir proyectando o te vas a dedicar a la
literatura? (risas)
-En Sudestada hago, La Cinemateca de Alberto Miguez. Son los últimos jueves de cada mes. Ahora voy a proyectar El Huevo de la Serpiente. Lo interesante es que lo paso en Blu ray, un sistema en High Definition. Se ve la película como si tuviera relieve. Diría como si fuera 3D sin anteojos. Es una forma de remasterización que utilizan algunas instituciones europeas, un instituto cinematográfico o museos de cine. Que han remasterizado clásicos del cine. Yo voy a pasar también La Gran Comilona, de Marco Ferreri. Y, La Noche Americana, de François Truffaut. Y todas con este sistema, que permite verlas mucho mejor. Y voy a seguir con los libros, claro…
Gustavo Camps















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