El tipo de cambio se relajó: análisis del Centro de Estudios Políticos Argentinos.
Las últimas dos semanas se caracterizaron por la relativa tranquilidad en el
dólar y la desaceleración de tasas, luego de un período de tensión. La
momentánea calma se da luego del rally de $90 entre junio y agosto, en el
contexto de una peor estacionalidad de la balanza energética por las
importaciones de gas durante el invierno. En contraste, los datos del tipo de
cambio indican que el rango de variación fue menor a $5 desde el día del fixing
(determinación del tipo de cambio al cual se paga el título) del título dólar
linked D30G6, que presentaba vencimientos récord de USD 2.595 millones.
En septiembre el BCRA mantuvo un ritmo de compras diarias promedio de 15
millones, valor que, si bien es significativamente menor a los meses previos
(USD 103 millones en julio y USD 68 millones en junio), aún es compatible que
el ritmo se recupere y 2026 supere el récord de compras de 2024. Cabe aclarar
que si bien el primer año de Milei fue récord nominal, al ajustar por
inflación, el año de mayor compra de reservas fue el 2006, con USD 23.500
millones a precios de 2026. Este valor se descarta romper en el año
corriente.
La magnitud del exceso de divisas este año es tan grande que si el gobierno
mantiene un ritmo promedio de compras de reservas de USD 59 millones por día
hasta fin de año, superaría el récord de 2024. La comparación es contra un año
con un tipo de cambio promedio real 16% superior (acumulado a septiembre),
calendarización de importaciones, cepo y una brutal recesión. Este auspicioso
desempeño del frente externo es posible gracias a los dólares que ingresan por
endeudamiento privado (préstamos y ON), el avance de Vaca Muerta y los altos
precios de energía producto de la guerra en Irán, la mejora de los términos de
intercambio que implicó un saldo comercial USD 2.473 millones mayor en el
primer semestre.
Las mayores fuentes de oferta parecen sostenerse en el corto plazo, dado que la
guerra en Ormuz mostró signos de lejana resolución y el barril de petróleo
superó los USD 100 por primera vez desde mayo. Por otro lado, según un informe
del vicepresidente del BCRA, aún restan liquidarse en el mercado de cambios USD
4.400 millones provenientes de Obligaciones Negociables (ONs) en moneda
extranjera y en los próximos días se esperan cerca de USD 1.750 millones de
emisiones entre YPF, San Juan (debut internacional) y Tecpetrol.
Además, el mal desempeño de las importaciones sigue brindando un mayor margen
de maniobra: en el primer semestre cayeron 9,5% en cantidades en comparación
con el mismo periodo del año anterior. Este fenómeno está principalmente
impulsado por la caída del 13,7% en las cantidades importadas de Bienes de
capital y de 28,9% para Piezas y accesorios para bienes de capital. La caída de
estos rubros está íntimamente relacionada con los datos de capacidad instalada
industrial, que se encuentra estancada en la zona del 55% y 60% desde el inicio
de la era Milei.
Por todo esto, no luce descabellado pensar que el BCRA podría comprar los USD
4.567 millones de acá a fin de año para superar el récord (nominal) de 2024,
siendo que restan liquidarse cerca de USD 6.150 millones de dólares por ONs,
además de la oferta que resulte del aumento de los créditos en dólares y la
balanza energética (con estos precios del brent superaría los USD 5.000
millones hasta fin de año). Aun así, es relevante aclarar que la evolución de
las encuestas y los resultados electorales en Brasil, Estados Unidos e Israel,
afectarán las expectativas de devaluación. Además, habrá que tener en cuenta la
evolución de la demanda de las personas humanas siendo que nos encontramos cada
vez más cerca de las elecciones presidenciales. En el mercado es un consenso
que el proceso electoral traerá presiones en el tipo de cambio, por lo que el
riesgo de que los agentes quieran adelantarse a ese evento y comiencen una
dolarización de carteras siempre está latente.
La inversión no crece ni con tasas reales negativas
A partir de la restricción de liquidez que el gobierno llevó adelante para
contener la presión cambiaria entre junio y agosto, las tasas de interés
reaccionaron, y dejaron efectos colaterales. La tasa de caución (préstamos a 1
día), que a principios de julio se mantenía estable en 20,0% TNA, llegó a
marcar 28,2% TNA a mediados de agosto. Si bien a principios de septiembre esta
retornó a la zona del 20,0% TNA, creemos que el efecto de este último apretón
generó secuelas.
El efecto de fondo se vio en la pendiente de la curva de rendimientos, que se
“empinó”. Es decir, el movimiento de las tasas de cortísimo plazo volviendo a
niveles previos no tuvo su correlato en las de mayores plazos, que se
mantuvieron en niveles elevados. Por ejemplo, comparando el 2 de julio con el 8
de septiembre, la caución rindió lo mismo en ambas fechas, pero la Letra
Capitalizable a 6 meses pasó de rendir 25,0% TIR a casi 30,0% TIR.
Este efecto se deriva de que, ante reacciones agresivas de política monetaria,
las posiciones con plazos más largos son los que más afectadas se ven, dado que
los precios de dichos títulos son más sensibles a las tasas. Además, el equipo
económico elige guardarse discrecionalidad y la posibilidad de disparar los
rendimientos de la noche a la mañana, mediante la decisión de no establecer un
techo a las tasas, una práctica habitual en la conducción de la política
monetaria. En este sentido, el último apretón del gobierno fue un indicio de
cómo reaccionará ante presiones cambiarias, lo que hoy desincentiva las
posiciones largas.
En adelante, continuar con el proceso de extensión de plazos de la deuda en
pesos, estrategia que Finanzas llevó adelante para descomprimir los
vencimientos de 2027, será un desafío. De hecho, en las últimas 3 licitaciones
de deuda en pesos no se ofrecieron títulos con vencimientos en el próximo
gobierno y los plazos promedio ponderados fueron de entre 0,3 y 0,4 años. Esto
es problemático para el equipo económico ya que el perfil de vencimientos de
deuda pre-elecciones totaliza alrededor de $100,0 billones con privados, y de
no retomar un sendero de refinanciaciones de plazos posteriores (2028, 2029,
2030), el margen de maniobra durante 2027 será acotado.
En la última licitación también se volvió a excluir del menú al AO29, el título
en dólares que la Secretaría de Finanzas ofreció quincenalmente desde
principios de julio. Acumula ya dos licitaciones sin ser ofrecido, debido a la
escalada reciente del Riesgo País (RP) hasta la zona de 500 puntos básicos, que
llevó al Bonar 29 a rendir en torno al 10,0% TIR. El panorama externo le complica la colocación de bonares a Caputo
y con ello una de las claves del “programa financiero”, que estipulaba colocar
USD 6.000 millones en 2026 y USD 5.000 millones en 2027. Si bien al AO29 le
faltan USD 774 millones para llegar al objetivo del año, que luce factible en
las 6 licitaciones restantes del año, la incógnita es sobre el objetivo para
2027, ya que no está claro que las tasas de interés a nivel global vayan a
permitir un retorno del RP a los 400 puntos. Sin embargo, creemos que la
posibilidad de una relajación del costo del endeudamiento en dólares estará
definida principalmente por los resultados de la agenda electoral en Brasil,
Estados Unidos e Israel.
Por otro lado, agosto sostuvo tasas de interés positivas en términos reales
durante todo el mes por primera vez en el año y se presenta la incógnita sobre
si el gobierno considerará una nueva baja del piso (20% TNA a las tasas a un
día), teniendo en cuenta que agosto cortó un breve repunte del crédito
comercial, marcando -0,7% en términos reales sin estacionalidad (s.e.) y que la
inflación mensual fue de 1,7 %, menor valor en 14 meses.
Recordemos que el último descenso “estructural” de las tasas fue impulsado por
el equipo económico a fines de febrero, mediante una flexibilización de las
condiciones de liquidez. Esto permitió que las tasas asociadas a préstamos
comerciales caigan a niveles negativos en términos reales, y el stock de
crédito comercial creció 1,3% en mayo, 1,8% en junio y 2,1% en julio (real
s.e.). Sin embargo, el correlato “micro” no incluye préstamos para financiar
inversiones ni para acompañar un aumento del consumo, sino más bien una
necesidad forzada de medios de pago para hacer frente a pagos de
sueldos/aguinaldo, insumos, deudas previas y otras aplicaciones dirigidas a
mantener en pie el negocio. Y los datos de Formación Bruta de Capital del INDEC
convalidan esto: al 1T2026 muestra una caída del 11,3% frente a 1T2025 y del
2,6% frente a 4T2025.
En cuanto a los agregados monetarios, la dinámica fue similar a la de préstamos
comerciales: luego de mayo (+2,7%), junio (+0,6%) y julio (+1,6%) con crecimientos
reales s.e. del M2 Privado Transaccional, agosto (+0,0%) se mantuvo neutro con
un leve crecimiento de depósitos y una leve caída del circulante. En este caso,
el correlato micro es claro, la demanda de dinero no atraviesa lo que el BCRA
anticipó como “proceso de re-monetización”, dado que el dinamismo de la
actividad es significativamente peor al esperado y las empresas no invierten
siquiera con un costo de financiamiento que se licúa con la inflación, dado que
no hay perspectiva de mejores ingresos y mayor demanda. Además, el crédito
tampoco tracciona por el lado del consumo ya que las familias atraviesan una
crisis de morosidad derivada de la caída del salario real y las altas tasas de
interés.
En este sentido es que podemos hipotetizar en que, ante los malos datos
registrados en agosto, Caputo haya buscado acelerar el proceso del subsidio de
créditos hipotecarios mediante fondos del FGS. Este lunes 7 de septiembre se
licitó el primer bloque de $200.000 millones y hubo 13 bancos que se
adjudicaron esos fondos (sobre 18), con tasas de corte de UVA + 2,67% promedio
ponderado por financiamiento a 1 año ($35.570 millones) y UVA + 4,94% promedio
ponderado por financiamiento a 5 años ($164.429 millones). Estos resultados se
ubicaron relativamente cerca de los spreads mínimos aceptados por el FGS (2,5%
a 1 año y 4,5% a 5 años), lo que plantea una duda sobre si los márgenes de
rentabilidad permiten 9 licitaciones adicionales, hasta alcanzar los $2.000.000
millones. Además, una parte importante dependerá de la capacidad de prestar en
tiempos razonables los fondos (cada licitación implica casi 2.000
hipotecarios), ya que el BCRA estableció un plazo de otorgamiento de 120 días y
luego el FGS podrá pre-cancelar el depósito y excluir discrecionalmente a la
entidad de la próxima ronda.











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