Doble click: ¿de cuánto es el hueco para 2027? Balance del Centro CEPA
En nuestra última edición mencionamos las serias dudas que recaían sobre uno de
los pilares del programa financiero del gobierno, los bonos en dólares en el
mercado local. Las dudas no sólo se confirmaron, sino que, además, en las
últimas 2 semanas el escenario continuó deteriorándose, con datos de actividad
a la baja y con tasas estadounidenses en ascenso, que derivó en un Riesgo País
llegando a tocar los 655 puntos básicos (p.b.).
La novedad es que los operadores de mercado, consultores y el gobierno ahora lo
reconocieron: como anticipamos en el anterior Newsletter, no habrá colocación
de Bonares. Durante su gira por Estados Unidos y Francia, el equipo económico
negó la situación y Caputo insistió con que el programa no tenía problemas y
que “todo marcha bien”. Pero al regreso, reconocieron que no lograron convencer
a los mercados. Incluso, Federico Furiase, Secretario de Finanzas, envió una
señal a través de X, re-posteando a un usuario que afirmaba que “El mercado
de pesos está muy sano y puede ser (junto a la oferta de dólares en el mulc) la
fuente de financiamiento para cubrir el hueco que se “cerro” en la deuda en
dólares”, lo que da indicios sobre la nueva estrategia del gobierno.
Además, Clarín tituló “El Gobierno le avisó a los fondos extranjeros que
suspendió la emisión de deuda en dólares a nivel local” y planteó que el
oficialismo buscaría alternativas de financiamiento “puente” como nuevos
préstamos REPO y el uso del swap con Estados Unidos. Si esto fuera así, hay que
tener en cuenta que, a diferencia de los Bonares, los REPO implican
financiamiento adicional en pesos para comprar esos dólares al BCRA -que es
quien concerta el REPO-. En cuanto al swap con EE.UU. si bien Bessent declaró
que “lo haría de nuevo”, la capacidad política de la intervención estará
marcada por el desempeño de los republicanos en las elecciones de medio
término, que tendremos en un mes y podrían configurar mayorías demócratas. Esto
es importante porque en ambas cámaras legislativas los demócratas presentaron
proyectos de ley en contra del salvataje: “No Argentina Bailout Act” para
suspender el swap y “American Farmers First Act” para compensar económicamente
a los productores estadounidenses perjudicados por la medida de arancel 0% de
Milei. Si bien esto no impide el salvataje de Bessent, lo obstaculiza y lo hace
aún más costoso en términos políticos.
Entre las alternativas de financiamiento del tipo bilateral (OOII, FMI, etc.)
nosotros advertimos que, frente a un escenario de pagos netos al FMI en 2027
por USD 2.700 millones, resulta probable que un eventual refinanciamiento de
este monto se utilice como “salvavidas” para cubrir el “hueco”. En cuanto a
otros bilaterales, cabe remarcar que, según lo presentado por el gobierno en el
Presupuesto 2027, hay pagos netos a la Corporación Andina de Fomento por USD
362 millones y bajo el concepto de “Otros préstamos” por USD 1.500 millones,
que son parcialmente compensados por desembolsos netos del Banco Interamericano
de Desarrollo, Banco Mundial y FONPLATA. El “hueco” que dejan los pagos a
Organismos Internacionales totaliza USD 4.000 millones en 2027 (incluyendo
FMI).
El segundo salvavidas que planteamos fue la compra de reservas del Tesoro al
BCRA. Furiase, en su re-post, señaliza que es efectivamente una de las
alternativas y, que, para financiar esa compra adicional de dólares, podrían
colocar aún más deuda en pesos.
Para este análisis hay que tener en cuenta que el BCRA hoy computa USD 25.000
millones de divisas disponibles (líquidas), de las cuales USD 15.000 millones
son encajes de depósitos. Además, en abril de 2027 el BCRA deberá pagar USD
1.800 millones de vencimientos de BOPREAL (netos de tenencias del Tesoro, que
recibió por pagos de impuestos). Los dólares disponibles del BCRA, netos de
encajes y de pago de BOPREAL, rondarían los USD 8.200 millones (sin tener en
cuenta futuras compras).
Adicionalmente, el programa financiero de Caputo ya estipulaba USD 4.900
millones de compras al BCRA durante 2027, y el hueco que dejarían los bonares
asciende a casi USD 5.000 millones adicionales. Por último, el Tesoro
consideraba que sobrarían unos USD 3.700 millones de 2026, pero la cuenta de
depósitos del Tesoro en BCRA cuenta con tan sólo USD 2.000 millones sin
ingresos previstos para lo que resta del año. En total, el Tesoro podría
necesitar comprarle al Banco Central USD 12.500 millones para hacer frente a
pagos de deuda durante 2027.
Para esto el BCRA debería acelerar su ritmo de compra de divisas. Si bien el
conflicto geopolítico extendido podría ayudar ya que mantiene términos de
intercambio récord, una eventual tranquilidad en el tráfico de petróleo en el
Estrecho de Hormuz y continuidad en la crisis de tasas de interés global,
podría configurar el peor escenario para el gobierno.
Por otro lado, el desempeño de Flavio Bolsonaro en las elecciones
presidenciales de Brasil provocó una apreciación del 4,1% del Real, lo que en
principio le da un respiro al nivel de tipo de cambio local. Para
referenciarse, si el peso hubiese copiado la dinámica del Real, el tipo de
cambio debería haber caído hasta la zona de $1.460, mientras que sólo lo hizo
hasta $1.515. Esto demuestra que los niveles previos eran efectivamente
contenidos por la venta de títulos dólar linked, ventas del Tesoro en spot y
pocas (o nulas) compras del BCRA. En conjunto, la apreciación del Real y un
tipo de cambio que cayó apenas 0,4%, le darán al BCRA espacio en el Mercado de
Cambios para acelerar el ritmo de compras.
Al mismo tiempo, Furiase señalizó que el relativo buen desempeño de los títulos
del Tesoro en pesos podrían ser la clave para la reconfiguración del programa
financiero ¿Por qué? Porque los USD 12.500 millones que estimamos terminaría
comprándole el Tesoro al BCRA equivalen a alrededor de $20,0 billones.
Recordemos que, para hacerse de los dólares adicionales deberá entregarle al
Banco Central una cantidad de pesos mayor que la prevista, lo que no sería
necesario en caso de colocar Bonares (los dólares ingresan directo a las arcas
del Tesoro, sin necesidad de pesos). El problema adicional es que hasta octubre
de 2027 hay vencimientos en moneda local con el Sector Privado por alrededor de
$100,0 billones (estimación).
El Tesoro tiene en su cuenta $8,0 billones, recibirá en abril de 2027 un giro
de utilidades del BCRA que estimamos en $7,0 billones, acumulará algunos
billones de superávit fiscal y colocará títulos en pesos ayudado por la emisión
monetaria por compra de reservas, lo que podría ayudar a juntar el fondeo
necesario para comprar las divisas el Banco Central.
Visto así parecería que cierra, pero esto depende de un supuesto muy fuerte:
que la demanda de pesos no caiga. Si cae, como sucedió en 2025, el gobierno va
a tener que utilizar ese fondeo en pesos no para hacerse de dólares, sino para
cancelar deuda en pesos ante licitaciones donde el refinanciamiento sea menor a
100,0%. En la previa a las legislativas el gobierno alivió estos shocks
principalmente mediante suba de encajes en efectivo y en títulos (para
potenciar su demanda), pero en el próximo año las exigencias ya partirían de
niveles elevados. Además, ni con las medidas de contención el gobierno pudo
obtener 100,0% de refinanciamiento, requisito que exigiría esta nueva
reconfiguración del programa financiero.
Por último, a medida que se prolongue este estado de situación, que en buena
parte depende de factores externos, las presiones financieras y el nerviosismo
de los mercados se acentuará. Dado el panorama internacional y la
incertidumbre, al gobierno le juega en contra el paso del tiempo.
Otro golpe a
la actividad mundial
En ediciones pasadas nos hemos extendido acerca del efecto de la guerra en los
costos de energía y su correlato en un shock negativo de actividad para todo el
mundo, especialmente en las zonas fuertemente dependientes de las importaciones
de energía como Europa o Japón. Los mayores costos de producción reducen la
competitividad de los productos, reducen el ingreso disponible de las familias
y llevan al estado a tomar medidas como aumentar el gasto fiscal en subsidios o
reducir impuestos a la energía para intentar suavizar el impacto. El Banco
Mundial proyecta 2,5% de crecimiento de la economía global para el año, una
desaceleración frente al 2,9% del año anterior y situando al 2026 como el año
de menor crecimiento desde la pandemia.
El informe no es nuevo, se publicó en junio de este año, la razón por la que lo
nombramos es que en el último mes comenzó un segundo efecto de la guerra sobre
la actividad: una fuerte suba de las tasas de interés del mercado secundario
hasta niveles récord, que ponen en duda la sostenibilidad de la deuda. El
correlato en la actividad es directo. Con mayores tasas de interés se reduce el
crédito, afectando negativamente al consumo y la inversión, donde el efecto es
doble (por menor oferta de crédito y menor demanda).
Ese efecto en la actividad se agrava en el caso de un grupo particular de
países que presentan simultáneamente niveles de deuda sobre PBI superiores al
100% y déficit fiscal, por lo que deben emitir deuda todos los años para cubrir
los vencimientos, los intereses y el déficit primario. Los países más expuestos
son Estados Unidos, cuya tasa de interés a diez años es la más alta desde el
2002 (5,34%), mientras que en Japón es del 3,1%, en Reino Unido marca 5,45% y
en Francia ascendió a 4,85%.
La gravedad de la crisis se ve no sólo en los niveles récord de tasa, sino en
la rapidez con la que la situación escaló: desde julio las tasas a 10 años de
Estados Unidos subieron 1,0 p.p. y las de Francia 1,2 p.p. El tiempo que se
sostengan estos niveles también es relevante, porque refuerza la debilidad
fiscal. Por ejemplo, Francia refinancia sus bonos a 10 años una vez al mes, eso
lleva a un aumento de la carga de intereses de 13 veces (la tasa de esos bonos
era de 0,36% en 2016 y hoy asciende al 4,82%), ese aumento en la carga de los
intereses profundiza las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda, a lo que se
agrega la carga de nueva deuda por el déficit primario.
Después de un breve estado de situación es válido preguntarse cómo Europa, pero
también especialmente países como Francia y Reino Unido, llegaron a esta
situación. Para simplificarlo, se puede pensar como un proceso formado por 3
etapas. Primero, la pandemia generó un salto en el ratio de deuda sobre PBI en
un rango de 15 a 22 puntos del producto. Segundo, la posterior suba de la inflación
y recuperación de la actividad en 2021 y 2022 permitió licuar parte de la deuda
y bajar el ratio entre 5 p.p. y 7 p.p. frente al pico de 2020. Tercero, el
menor dinamismo de las economías a partir de la guerra en Ucrania, en conjunto
a los mayores niveles de tasas de interés, hicieron que los ratios de deuda
sobre PBI retomen un sendero alcista. Hoy Francia tiene 20,2 puntos del
producto más de deuda que en 2019 (98,2% a 118,4%), el Reino Unido muestra una
suba de 18,7 puntos (84,9% a 103,6%) y Estados Unidos muestra una suba de 17
puntos (108,8% a 125,8%).
Aunque lo fiscal es determinante para esta espiral de subas de tasas, también
existen otros factores como la demanda de crédito para financiar las
inversiones en inteligencia artificial y razones coyunturales como el aumento
en la expectativa de inflación por la guerra.
De los tres motivos, el único modificable es el nivel de déficit, para intentar
al menos contener la suba y traer cierta tranquilidad acerca del futuro de la
deuda. El presidente del Banque de France (Banco Central) dejó una declaración
que ilustra bien el escenario “Francia no es Grecia durante la crisis de la
Eurozona. Si puede pasar este año el presupuesto para reducir los gastos y
achicar el déficit como ha propuesto el gobierno, entonces los mercados se
tranquilizarán por este paso concreto en la consolidación fiscal”. El
presupuesto al que hace referencia fue presentado el jueves pasado y proyecta
reducir el déficit del 5,6% al 5,0%, mientras las calles francesas son
escenario de protestas constantes de cara a elecciones el próximo abril.
Estados Unidos tiene la elección legislativa a tan solo un mes y la situación
no es tan frágil como la francesa, pero igualmente es esperable alguna acción
real para contener las tasas después de la elección, principalmente mediante
alguna señal fiscal o, de ser posible, el fin de la guerra.
Tanto por los mayores costos de energía como la suba en las tasas, cuanto más
se prolongue mayor será el daño en la actividad, el tiempo corre en contra. Para
Argentina entonces se suma un nuevo factor que le hace contrapeso a la mayor
entrada de dólares, el cierre del mercado internacional de crédito y la fuerte
desaceleración de la actividad a nivel global.
En ese contexto de debilidad fiscal y suba de tasas hay un país que vivió una
euforia en sus mercados financieros. La victoria de Flavio Bolsonaro en la
primera vuelta de las elecciones de Brasil desencadenó una fuerte apreciación
del Real (4,5%), suba en las acciones (EWZ +13,8%) y bajas en las tasas de
interés en todo el tramo de la curva (-1,6 p. p tasa a 10 años). La apreciación
del Real y la baja en las tasas brasileñas son dos factores positivos para la
Argentina, mejora los términos de intercambio bilaterales e impulsa la
actividad en nuestro mayor socio comercial, incentivando las exportaciones
argentinas. Ahora bien, gran parte de este movimiento se debe a las promesas de
Flavio de realizar un ajuste fiscal, que luego de la elección brindó más
detalles y está fuertemente inspirado en el ajuste de Milei. Si bien cada país
tiene sus características y de las promesas de campaña a la ejecución del
ajuste hay margen de cambio, es difícil no imaginar un duro golpe en la
actividad de llevarse a cabo un programa estilo Milei.
De corto plazo la euforia en Brasil puede permitirle a los más optimistas en
pensar un “efecto derrame” financiero hacia Argentina, pero en el mediano
plazo, la ejecución del programa de gobierno de Flavio y la desaceleración de
la economía mundial, presionan aún más a una economía argentina que se
encuentra en recesión.











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